Hace apenas unos meses que se han cumplido 55 años del trágico accidente de aviación sobre territorio español, concretamente sobre la vertical de Palomares (Almería), que supuso, además de la muerte de siete de los once tripulantes de las dos aeronaves que colisionaron, la caída de cuatro bombas termonucleares (dos de ellas destruidas al impactar sobre tierra, liberando su carga de plutonio, otra con daños en su estructura y una cuarta recuperada en el mar).

A finales de los años noventa Antonio Sánchez Picón halló en los archivos nacionales de los Estados Unidos (NARA), recién desclasificadas, un total de 8 horas grabadas en 16 mm sobre las labores de búsqueda de la bomba perdida en el mar y de las labores de descontaminación de la zona. Ese material sirvió para realizar en 2003, junto con José Herrera Plaza, una exposición producida íntegramente por el Centro Andaluz de Fotografía, dirigido por Manuel Falces López, compuesta por 60 fotogramas escogidos de los 800.000 disponibles y la edición del libro-catálogo «Operación Flecha Rota. Accidente Nuclear de Palomares, Almería».
Años después, en 2016 y con motivo del 50 Aniversario del accidente, el CAF, siendo su director Pablo Juliá Juliá, junto con sus dos investigadores y comisarios, volvió a presentar la exposición, pero incorporando una revisión y actualización de los textos que acompañaban en 2003 a las 60 imágenes y mostrando nuevos documentos y materiales relativos al accidente.
En la misma sala de exposiciones del CAF se proyectaron las películas sin editar, los brutos de cámara de la U.S. NAVY (Palomares, enero-marzo 1966) grabadas por los servicios audiovisuales de la marina estadounidense en película de 16 mm, color y muda. Rodadas en Palomares, Rota y Cartagena durante la descontaminación terrestre y búsqueda de la 4ª bomba (National Archives and Records Administration –NARA- 36 registros. Duración aproximada: 08,30 horas). A las imágenes, sin sonido, se les incorporó la banda sonora original del documental «Operación Flecha Rota» (2007), “TAU I” y “TAU II” (1997), compuesta e interpretada por Juanma Cidrón.
También, en la sala de exposiciones, se exhibieron una relación de libros con las más relevantes monografías sobre el accidente.
En el gran panel que se encuentra al fondo de la sala, con unas dimensiones de 4 x 2,80 m, se reprodujo la obra “Tríptico de Palomares” de Jorge Castillo (Pontevedra, 1933), una reproducción fotográfica de la obra original en óleo sobre lienzo de 300 x 611 cm (el gigantesco óleo fue el resultado de un encuentro entre el pintor y su amigo Rafael Lorente, testigo presencial del accidente. El autor de Thalassa relató con su habitual ardor y emoción el suceso a Jorge Castillo quien -escribe José Herrera– «se afanó en su taller y en cuatro días preparó unas diez litografías de pequeño formato. Posteriormente la fecundidad creativa no menguó y llegó a realizar en total casi un centenar de obras inspiradas en el mismo tema». Expuesto por primera vez en 1968 en la Documenta de Kassel –Alemania-, actualmente la obra se encuentra inaccesible al público, relegada al olvido en una colección de arte privada en Boisano -Italia-).

Se exhibió una réplica de la bomba MK28F1 (B28), como las que cayeron sobre Palomares. La maqueta de la bomba de hidrógeno MK28F1, también denominada B28, se realizó a escala real, 1:1 (Dimensiones: 3,16 x 0,66 x 0,55 m de diámetros escalonados. Construcción: Joaquín Pierre. Acabado: Niko “STOOK” de Makiniko).
En vitrinas se pudieron ver documentos relativos al accidente de muy distinta índole, así como un resto de uno de los aviones siniestrados (conexión de manguera eléctrica con refuerzos de seguridad).
Finalmente, en la pantalla LED de 50” instalada en el hall de acceso a la sala de exposiciones, se reprodujo el documental «Operación Flecha Rota» (2007), realizado por José Herrera Plaza (guión y dirección) y Antonio Sánchez Picón (producción).
Como parte de la exposición «Operación Flecha Rota. Accidente Nuclear en Palomares, Almería» se llevó a cabo en el mismo espacio expositivo, el 17 de enero de 2017 y coincidiendo con la finalización del 50º aniversario, una mesa redonda sobre el pasado, presente y futuro de la situación radiológica de Palomares, donde se expusieron distintos puntos de vista y argumentaciones sobre un tema aún pendiente de resolución completa. Actuó como moderador Pablo Juliá Juliá. Como ponentes: Carlos Sancho Llerandi, Jefe del Programa de Recuperación Radiológica Ambiental del Departamento de Medio Ambiente del CIEMAT; Rafael Moreno Izquierdo, periodista y profesor de la Universidad Complutense; autor del libro «La historia secreta de las bombas de Palomares»; José Ignacio Domínguez Martín-Sánchez, piloto de cazas, de Iberia, miembro de la Unión Militar Democrática, abogado, coordinador de Ecologistas en Acción para la problemática medioambiental de Palomares; Manuel León González, licenciado en Periodismo, redactor de La Voz de Almería, especializado en información relacionada con el accidente y, finalmente, José Herrera Plaza, comisario de la exposición y del catálogo, guionista y director del documental “Operación Flecha Rota” -2007-.

Movistar+ estrenó recientemente la serie documental original “Días de playa y plutonio. Palomares” en colaboración con la productora 93 Metros, compuesta de 4 episodios de 52 minutos cada uno, dirigida por Álvaro Ron y con guión de Daniel Boluda, Maria Cabo y el propio Álvaro Ron.
La maqueta de la bomba de hidrógeno MK28F1, también denominada B28, fue cedida por el CAF para su rodaje.
¿Qué pasó? (resumen)
Año 1966. 17 de enero; 10 horas y 22 minutos de la mañana. Como todos los días, en base a la firma de los acuerdos bilaterales EEUU – España de 1953 y 1963, dos superbombarderos B-52G provistos cada uno de 4 bombas termonucleares de 1,1 megatones (aproximadamente 70 veces más potentes que las lanzadas sobre Hiroshima), se disponen a reabastecerse de combustible en vuelo, mediante dos aviones cisterna KC-135 procedentes de Morón (Sevilla). El lugar es un punto convenido de la costa del sureste español, la Saddle Rock («Roca de la silla de montar») ubicado en la vertical de la desembocadura del río Almanzora, junto a Palomares (Almería).
Un posible fallo de la estructura del bombardero y/o error en la delicada maniobra de aproximación entre uno de los bombarderos (Tea-16) y su avión nodriza (Truobadour-14) desencadenó la colisión y el incendio de ambos, provocando un accidente nuclear único por sus características hasta entonces. Más de ciento veinte toneladas de material ardiente cayó sobre la población de Palomares y aledaños. De las cuatro bombas de hidrógeno, dos explosionaron su carga convencional, liberando aproximadamente 9 kg de plutonio y americio que se diseminaron con el fuerte viento reinante; una resultó intacta y la cuarta se perdió en el mar. Siete de los once tripulantes murieron. Ninguno de los habitantes de Palomares sufrió daño inmediato alguno. Sí hubo cuantiosos daños materiales, especialmente en las cosechas.
A los 45 minutos del accidente, el mecanismo de emergencia denominado Broken Arrow («Flecha Rota») estaba en pleno funcionamiento. Se levantó un campamento base, denominado «Campamento Wilson», encargado fundamentalmente de la tareas de búsqueda terrestre de la bomba perdida, recuperación de restos y descontaminación radiactiva, en el que vivieron más de 1.000 personas, sin contar los trabajadores españoles.
La pérdida de la cuarta bomba supuso un dispositivo naval impresionante que duró 75 días; en él intervinieron 34 barcos, 2.200 marineros, 130 hombres rana y 75 expertos con 4 minisubmarinos y 3 vehículos no tripulados. La larga búsqueda en el mar de la cuarta bomba distrajo a la opinión pública y a los habitantes de Palomares del principal problema, la contaminación radiactiva de las tierras. Por otra parte, la máxima prioridad en los momentos iniciales fue el hallazgo y salvaguardia de las 4 bombas termonucleares de última generación. Durante los primeros 7 días esa fue la principal actividad, sin atender la contención de la contaminación y la protección radiológica de los vecinos y tropa a pesar de los fuertes vientos reinantes. La dirección del viento fue decisiva al afectar mayoritariamente los aerosoles de plutonio las zonas deshabitadas. No obstante, hubo intensas negociaciones por parte de los dos países en la delimitación de “la zona 0”, donde la radiación se consideraba inadmisible.
Se evacuaron 4.810 barriles metálicos de tierras y restos vegetales, con un peso de 1.100 t. Se araron profundamente, para enterrar la primera capa de tierra, 115 ha y se quemaron un número indeterminado de toneladas de cultivos y vegetación contaminada junto al río y la playa. Paralelamente se comenzó a tomar muestras a la población y al personal militar y civil para controlar la inhalación de plutonio, estudios que continúan de manera casi ininterrumpida durante los 55 años transcurridos.
En un lugar donde nunca ocurría nada importante, los hechos generaron un gran choque psicológico en la población, nunca evaluado ni reconocido. El temor, derivado de la ignorancia sobre la radiactividad, la desinformación y el oscurantismo oficial de ambos países, ha generado durante este primer medio siglo una gran ansiedad en la población. A pesar de la actitud oficial y los intentos de minimizar la relevancia de lo sucedido, el accidente de Palomares sin duda fue durante 20 años, hasta el de Chernóbil (1986), el accidente nuclear más importante de la historia.
